sábado, 19 de marzo de 2016

Álvaro Arbina: "He tratado de escribir la historia que a mí me hubiera gustado leer"



Hace poco leí una novela histórica de esas que te dejan huella. Una historia que nada más abrir el libro, te atrapa y te incorpora en su relato, del que no quieres escapar. Un viaje a la España que luchó contra las tropas napoleónicas, a principios del siglo XIX, en la que el drama de un muchacho que ve como su mundo se desmorona se convierte en una aventura apasionante. El autor de La mujer del Reloj, Álvaro Arbina, es un joven que promete convertirse en un referente en la panorama literario español. O al menos espero que así sea. Os dejo una breve entrevista con él para que lo conozcáis mejor. Y no olvidéis su nombre. 

¿Cómo nace La mujer del reloj?
La verdad es que no puedo precisar con exactitud el origen de La mujer del reloj. Podría decir que, de alguna manera, he reunido en ella elementos que me han conmovido a lo largo de mi vida. Personajes cuyos recuerdos me han acompañado mucho más que las páginas donde fueron creados, aventuras, misterios, mundos imaginarios, retazos de libros, cuentos e incluso películas, grabados en mi memoria a veces por razones que sólo el subconsciente controla, y que han terminado por formar mi primera novela. Después de todo, creo que, simplemente, he tratado de escribir la historia que a mí me hubiera gustado leer. 


¿Cómo decidió pasar del mundo de la arquitectura al de la novela histórica?
Nunca lo he contemplado como un paso o un cambio. Mi pasión por la literatura me acompaña desde la infancia y ha continuado impresa en mi ADN durante los años de universidad. La idea de la novela, aquella que se puede definir en tres líneas, surgió en mi adolescencia y fue abandonada al iniciar mis estudios de arquitectura. Era el mundo universitario en alguien que sale de casa por primera vez, un desconcertante acopio de sensaciones nuevas, gente nueva, experiencias nuevas, que desplazó por completo mis inquietudes literarias. Un parón sin el que, probablemente, esta novela no habría llegado a ver la luz. Al menos hoy, a mi edad. Después, un largo y monótono verano tras mi cuarto año de estudio, decidí retomarla. En su momento no la percibí como una decisión transcendental, simplemente comencé con la necesidad de sentirme mejor, de recordar pasiones dormidas, y tardé en percatarme de que me sumergía en algo serio. La historia me atrapó, fue un proceso gradual y silencioso, que me llevó a documentarme con asiduidad, a despertarme en mitad de la noche para apuntar algo en la libreta. Al final del verano volvió la arquitectura, pero en aquella ocasión lo hacía para convivir con la escritura. Sus semejanzas van mucho mas allá que sus cuatro últimas letras.  


La mujer del reloj es una novela muy bien documentada. ¿Por dónde empezó?
Fue un proceso lento y difícil, de mucho tanteo, con prueba y error. Era un trabajo paralelo, no solo el de arquitectura y escritura, sino el de la propia escritura. Por un lado idear una historia, imaginarla y definirla; y por el otro, aprender a hacerlo, pensar en un método de trabajo, en el orden de los pasos a seguir, en un sentido que guiara la creación y ejecución de la novela. El llamado oficio del escritor. Tuve que exprimir mis capacidades como autodidacta hasta desarrollar mi propio proceso de escritura. Recurrí a todo tipo de fuentes, descubriendo que algunas eran más efectivas que otras. Intenté adoptar diferentes puntos de vista sobre lo que sucedió en aquella época, para poder plasmarlos sobre el papel en un fresco diverso y plural. Leí mucha literatura, retomando muchos de los libros que me habían conmovido siempre. Pero la lectura era diferente, ya no consistía en el puro entretenimiento, en el simple placer. Era un análisis. Un intento de leer entre líneas, de descifrar los pilares que sostienen una novela, los trucos de aquella magia, de aquella pasión que generaban en mí. Supongo que se trata de un proceso natural. Un libro siempre nace de otros libros.  

La existencia de logias secretas que luchaban contra el poder absoluto de Napoleón dan sentido a la novela. ¿Cree que fueron realmente determinantes en el desmoronamiento del imperio napoleónico?
El siglo anterior, conocido como Siglo de las Luces, despertó una nueva conciencia en la sociedad. Por primera vez corrían pensamientos de carácter liberal, defensores de los derechos humanos, que desafiaban los viejos ordenes establecidos. Como adelantó Platón mucho tiempo antes en su alegoría de la caverna, algunos osaban librarse de su cautiverio para salir afuera y contemplar el mundo real, la belleza de esa tierra que sus captores escondían. Como consecuencia, fue una época de mucho debate y reflexión, donde abundaban las reuniones y tertulias a veces clandestinas, e incluso las logias secretas. Una época donde algunos descubrieron la existencia de esas riquezas que nos pertenecen a todos, escondidas por unos pocos. Lo que produjo la revolución francesa de 1789 derivó, paradójicamente, en la dictadura militar de Napoleón. De la misma forma, al igual que la había creado, también podía derrocarla. Introducir este elemento me ayudaba a hilar una trama ficticia con una real, estableciendo, además, un claro paralelismo con la situación actual. Uno nunca sabe lo que puede descubrir en el pasado; a veces, el mordaz reflejo del presente. 


¿Algún proyecto literario en mente?
La mujer del reloj ha ocupado un gran espacio en mi mente durante mucho tiempo. Cuando la finalicé sentí que se generaba un vacío, y enseguida comenzaron a surgir nuevas ideas, nuevos personajes y mundos por descubrir. Son procesos que no se fuerzan. El trabajo creativo no se realiza frente a una mesa, el trabajo creativo te acompaña a todas partes. Reside ahí, en tu cabeza, conectando tu mente imaginativa con el mundo real, el de la inspiración. Sigo escribiendo y me gustaría poder seguir haciéndolo, provocando en los lectores lo que, a veces, yo siento leyendo. 


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1 comentario:

  1. Muy a mi pesar acabo de terminar de leer esta entretenidisima novela. Cuando estuve en la presentación del libro ya nos anuncio el autor que con técnicas de ilusionista, desvía nuestra atención por los caminos de su historia para que cuando se producen los diferentes desenlaces la sorpresa sea aún mayor y esto es lo que ocurre en un final para nada esperado y que redondea una novela muy trabajada y elegantemente culminada.

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