viernes, 23 de mayo de 2014

Juan González Solano: El marqués de Salamanca fue un soñador empeñado en hacer realidad sus sueños

Seguramente muchas personas que conozcan Madrid habrán oído hablar del barrio de Salamanca, uno de los más elegantes de la capital. Pero no todos sabrían decir que fue un marqués del mismo nombre quien fue el artífice de una de las zonas más modernas de la ciudad. El marqués José de Salamanca fue un hombre emprendedor, soñador y visionario, que no sólo expandió Madrid sino que la acercó al mundo creando la primera línea férrea madrileña hacia Aranjuez.

La vida del marqués de Salamanca, hombre culto, amante del arte, de la buena vida y empresario de éxito, además de haber participado en la política de su tiempo, es una vida digna de ser novelada. Eso es lo que ha hecho Juan González Solano, un economista que ha probado suerte en el mundo de las letras con esta, su primera novela, El camino de hierro.

¿De dónde sale la idea de novelar la vida y la época del marqués de Salamanca?

De la propia figura de Salamanca, del hecho de que vivió una vida que parece de ficción. Además, se trata de un empresario y un financiero, y por tanto se desenvolvió en un medio familiar para mí, el de la empresa y las finanzas.

En cuanto a la época, mediados del siglo XIX, es un tiempo apasionante, el punto de arranque de la modernidad. Mi afición al XIX viene de cuando, hace ya muchos años, leí los “Episodios Nacionales” de Galdós, una gran obra literaria y al mismo tiempo un tratado de historia. 

¿Qué es lo que más le atrajo del marqués?

Me atrajeron muchas cosas. Su vida, siempre al borde de lo imposible, está marcada por su obstinación en llevar a término empresas colosales, siempre en favor del progreso. Fue  un soñador, un romántico, pero un soñador que se empeñaba en hacer realidad sus sueños con una voluntad indomable. Su vida fue un camino de hierro, como los ferrocarriles que construía.

También su pasión por la música y por el arte, su defensa de la libertad económica, su espíritu cosmopolita -fue un europeo en medio del aldeanismo de la época-, y tanto más. 

En resumen, un hombre contra corriente, y yo admiro a esta clase de personas. Además, es tratado frecuentemente con frivolidad, algo muy injusto, un hombre que empeñó su vida y se arruinó dos veces por tratar de culminar sus obras no puede ser un frívolo, al contrario.

En su obra, en concreto en la parte inicial, hay muchas referencias a la vida económica del país, a la bolsa, al funcionamiento de los negocios... ¿fue fácil para un economista sumergirse en la vida financiera de hace unos cuantos años?

El lado bueno es que la documentación sobre la vida económica del siglo XIX es muy abundante, y hoy día accesible gracias a la tecnología y a la facilidad para conseguir libros escritos hace muchos años. En mi novela hay un trabajo muy intenso de documentación, es verdad, recoge un período muy largo y son muchas situaciones, y he trabajado con la obsesión de conseguir el mayor rigor histórico.

Pero se trata de una obra de ficción, no se olvide, lo cual significa que el principal esfuerzo ha sido la construcción de los personajes y su encaje en una trama atractiva y fluida. Sobre todo y por encima de todo, a lo que he dedicado más trabajo ha sido al aspecto literario y a cuidar el  lenguaje, para que la obra emocione e interese en todo momento al lector.  

Y respecto a las otras facetas, la política, la social, la artística ¿cómo consiguió documentar de manera tan detallada la novela?

He trabajado con varios libros biográficos sobre Salamanca, pero también con algunos otros de la Historia de España en esa época, y con multitud de monografías y estudios sobre sus palacios o sus colecciones, tanto la de pintura (tal vez la primera colección de cuadros de España en esa época), como la de libros raros o la de esculturas y objetos preciosos, que en buena medida procedían de las excavaciones arqueológicas que él mismo financiaba cuando aparecían al construir sus vías férreas, como las de Paestum, en el sur de Italia.

Afortunadamente, como digo, la documentación es muy abundante y accesible, en esto no hay secretos, solo trabajo. 

En El camino de hierro, además del marqués de Salamanca y su familia más cercana, aparecen grandes nombres históricos, empezando por la reina Isabel II y todos los miembros de la realeza hasta el escritor Alejandro Dumas, pasando por los principales miembros de los efímeros gobiernos de aquellos tiempos. ¿Cuál le ha costado más recrear?

No sabría decir, he disfrutado mucho con todos ellos, hasta el punto de que, al final, los pocos personajes enteramente ficticios de la obra me parecían tan reales como los que tuvieron vida terrena. Y creo que eso es lo natural en una novela, cuando la ficción termina confundiéndose con la realidad histórica significa que hemos dado vida a una obra veraz.

Dicho esto, tal vez el personaje de Isabel II haya sido el más difícil de todos.

¿Y por cuál sintió más afinidad?

Desde luego, por Salamanca. Pero también por María Buschental, una mujer tan fascinante como el protagonista principal.

Después de una vida dedicada a los números y las finanzas, ¿qué es lo que hizo que se lanzara al mundo de la novela?

Esto es muy fácil de explicar, es que yo siempre quise escribir, desde muy joven. Luego, la vida hace que uno escriba cuando puede, es decir, cuando tiene tiempo y calma para hacerlo. En mi caso, esto ha sucedido ya mayor, cumplidos los sesenta años. Pero da igual, el caso es hacerlo. Lampedusa, el autor de esa novela histórica magistral que es “El Gatopardo”, escribió su única obra más o menos con mi edad. 

¿Es un cambio de rumbo en su vida profesional o simplemente una faceta más?

Pienso seguir escribiendo el resto de mi vida, mientras tenga fuerzas, de eso no tengo duda. Ahora que puedo hacerlo no lo voy a dejar, después de una espera tan larga.

Ya no tengo intención de acometer otra empresa que no sea escribir, algo que me hace muy feliz pero que también me causa un gran esfuerzo, me parece que es algo bastante común en muchas personas que escriben. Si se lo toman en serio, naturalmente.

¿Algún proyecto literario en mente?

Claro. Tengo avanzada otra novela, pero se trata de algo muy diferente a “El camino de hierro”, una obra más de sentimientos, donde reflexiono sobre el proceso de creación literaria y el universo de la mujer. Luego, tal vez regrese a la novela histórica, también en el siglo XIX, ya veremos.

Muchas gracias por su tiempo, y mucho éxito con su novela, una historia verdaderamente recomendable.

1 comentario:

  1. Muy interesante la entrevista, me han dejado con más ganas de conseguir esta novela, tendré que ponerle remedio,
    besucus

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