martes, 6 de mayo de 2014

Óscar Villarroel: "La manipulación de un mensaje puede ser más poderosa que la verdad"

Hace unas semanas, la editorial Sílex publicó un ensayo muy interesante sobre la figura histórica de Juana la Beltraneja y la ilegitimidad que se formó alrededor de su persona. Todo un estudio profundo y documentado sobre el poder de la propaganda política en los tiempos medievales. He tenido la suerte de poder hacerle unas preguntas al autor de esta obra que me enganchó desde la primera página. Óscar Villarroel, profesor del Departamento de Historia Medieval de la Universidad Complutense de Madrid, es el autor de Juana la Beltraneja: la construcción de una ilegitimidad.

Primero de todo, enhorabuena por tu libro. 

La vida de Juana la Beltraneja es sin duda una historia trágica y controvertida. ¿Qué fue lo que despertó tu interés por ella?

Bueno el origen de esta obra es un tanto curioso. En principio se planteó como una investigación y libro conjunta con mi mujer María del Pilar Carceller Cerviño, que es especialista en el periodo y que hizo su tesis (publicada también en Sílex) sobre Beltrán de la Cueva. Así se planteó el tema y se perfiló un enfoque en la propaganda que había entorno a Juana. Por diversos avatares ella renunció a seguir con el proyecto, quedando yo solo al frente. De esa forma llegué a un personaje que, la verdad, en seguida resultaba cautivador por ser lo que podríamos denominar “una perdedora”, y las causas perdidas o perdedoras son a veces más atractivas.

Son muchos los documentos analizados en tu obra que sin duda te habrán llevado muchas horas de estudio. ¿Cuáles fueron los que más te llamaron la atención?

Cada documento es un auténtico mundo y encierra una porción inédita de historia, con lo cual es difícil decantarse por alguno. Este caso no es diferente, y hay muchos documentos con su propia historia: el supuesto juramento de Pacheco, las cartas de Enrique o Isabel, la protesta de los Mendoza... Sin embargo, tal vez me quedaría con la carta-manifiesto de Juana. Todo lo que cuenta responde a una idea propagandística que no partía de ella, seguramente, pero sí tiene algo tan absolutamente personal como su firma: y es la única suya de que disponemos. Por eso tal vez me quedaba con ese documento, que ella sí tocó con sus propias manos y en la que estampó su “yo la reyna”.


En la introducción de tu libro, aludes a distintos escritos, entre ellos novelas históricas, que abordan la vida de Juana y que a menudo hacen que los lectores se hagan una idea equivocada de la realidad. ¿Crees que alguna de esas novelas son demasiado fantasiosas?

En general todas las novelas son fantasiosas, dado que elaboran una historia que tiene que ser cautivadora, y para ello introducen personajes, formas de hablar... Es lógico y no lo critico. El objetivo de una novela no es mostrar la historia. La culpa de que deformen la historia es del público que las lee y cree que está leyendo la historia. En el fondo, pues, es un poco culpa de la cultura lectora de este país, tan pobre. A mí, personalmente, me gusta la novela histórica, aunque reconozco que soy muy crítico al leerla: deformación profesional.

Lo que está claro es que el personaje de Juana y todas las incertidumbres que la rodean, dan para hacer volar demasiado la imaginación…

Sí, reconozco que el personaje deja volar rápidamente la imaginación. Tal vez por lo que comentaba antes: las causas perdidas son mucho más románticas (entendiendo el romanticismo como el del siglo XIX) y de ahí mucho más fantasioso. Además, si unimos a ese romanticismo el que estamos en la Edad Media (época tan maltratada, pese a todo, por el romanticismo, aunque la adorasen), pues el resultado es un paisaje muy atractivo en el que todo cabe: veneno, poder, engaños... Por desgracia la realidad es muchas veces muy prosaica. Pero sí, las incertidumbres que han rodeado a Juana (y ese es el gran éxito de la propaganda isabelina, que llega hasta hoy) hace que sea un personaje con gran capacidad de atracción.

Tu libro no es una biografía más sobre Juana sino un profundo análisis de la propaganda política utilizada por sus defensores y sus detractores para conseguir el poder. ¿Se demuestra una vez más que la imagen y la manipulación son a veces más poderosas que la verdad?

Sí, al menos desde mi punto de vista. Si algo me ha quedado claro después del trabajo realizado es que lo que la historia tradicional nos ha contado responde en gran medida a la propaganda isabelina. Es más importante aparentar una cosa que decir la verdad. Hay una frase atribuida a Joseph Goebbels que dice “miente que algo quedará, cuanto más grande sea la mentira más gente la creerá”. Y este era un especialista en la propaganda. Ciertamente un mensaje más o menos verídico si es creído por la gente pasa a convertirse en verdad. Los cronistas del entorno de Isabel dijeron tantas veces que la gente creía que Juana no era hija del rey que los historiadores posteriores pensaron que era verdad, que la gente del siglo XV lo creía. Con lo cual caían en la trampa de esa propaganda. Cuando Marañón creía a pies juntillas a Palencia estaba dando por buena una versión de la historia y conviertiéndola en la Historia. De forma que sí, la manipulación de un mensaje puede ser más poderosa que la verdad, todo depende del énfasis y de la capacidad de convicción.

Si tuvieras que posicionarte, ¿crees realmente que Juana no fue hija de Enrique IV? Y si lo fuera, ¿habría cambiado la historia?

Es una pregunta fácil y difícil de responder. Algunos me han dicho que con el libro “no me mojo”, pero bueno, en él dejo claro que no es lo que se buscaba desentrañar. ¿Qué opino yo sobre Juana? Opinión tengo, claro, pero no tengo pruebas que la refuten, por eso no puedo afirmar categóricamente nada. Juana tardó ocho años en nacer después del matrimonio. ¿Eso la invalida como hija? No. Tras ella la reina tuvo un aborto de un niño, ¿por qué no habrían de ser hijos del rey? No hay nada, además de sus enemigos, que nos digan que el rey era impotente o estéril. ¿Podría ser hija del rey? Sí, perfectamente. Ahora bien, ¿eso hubiera cambiado algo? No. Porque la propaganda contra ella lo que buscaba era crear otra legitimidad, y para eso daba igual que Juana fuese hija del rey o no. Es decir, si descubriésemos que Juana era hija del rey, no cambiaría en nada la historia, al menos tal y como la describo en el libro: construcción de una imagen determinada que aupó a Isabel en el trono. Cambiaría sólo la visión que algunos tienen de la legitimidad de Isabel, pero nada más.

¿Hubiera cambiado la historia si hubiese reinado Juana? Eso es muy posible que sí. Para empezar no hubiera gobernado ella, sino su camarilla de nobles y su marido Alfonso V. Pero en el fondo es una ucronía, y eso está más cercano a la novela que a la realidad.

La historia en general y la biografía en particular de personajes históricos de los últimos años medievales en España despierta mucho interés en historiadores y lectores. ¿Por qué crees que es así?

En mi opinión el conocer datos sobre personajes concretos, y en especial por aquellos que marcaron la historia, supone para mucha gente una forma fácil de aproximarse a los momentos y los entornos en los que se marcaba el rumbo de la historia. Es más humano acercarse a una persona que a una institución o un conjunto de hechos. 

¿Algún otro interesante proyecto editorial en camino? 

Bueno, sí los hay. La investigación no se detiene nunca, de forma que hay que seguir adelante. Ahora se cierne un estudio sobre otra mujer en el poder, sobre la que ya he tratado, y que ostentó el título de reina: Catalina de Lancáster. Todo ello unido a mis investigaciones sobre la diplomacia. De forma que hay mucho trabajo por hacer todavía.

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